
Tus ojos dormidos delataron tu ausencia,
fue la sentencia del frío la que no me dejó dormir;
como una cuchilla de hielo cortaba el aire...
y a tan solo unos pasos se adivinaba tu silueta.
¡El deseo me mataba!
con un gesto hubiera corrido a los brazos del amanecer,
pero la hora se hacia presente y en un abrir y cerrar de ojos tuve que desaparecer.
(Pues cariño, se sabía que no me deseabas ver)

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