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Metropolitana, Chile
Puedo ser un poema de Neruda escondida en un rincón, y escribir los versos más tristes esta noche. Puedo ser tu curiosidad. Very irresistible de Givenchy. Una postal de cualquier lugar del mundo. Un película en blanco y negro de Tarantino. Ser una llamada perdida de ojos café oscuro. Puedo ser despedidas y reencuentros. Un huevito bon-o-bon para pascua. La noche. Tu caja de pastillas de la felicidad. Puedo ser una flor de papel.

martes, 28 de septiembre de 2010

Un vestido, una chaqueta, una nota...


Lo conoció en una estación de trenes un 2 de noviembre del 91.
Él iba con la mirada perdida, y una chaqueta azul. Lo recordaba como si hubiese sido ayer.
El día estaba nublando, y ella con un vestido no muy adecuado para aquel frío. Estuvo horas mirándolo, o segundos, su percepción del tiempo falló en ese momento. Hasta que porfín aquel despistado caballero se dio cuenta del estado de ella y le prestó su abrigo, se sentó a su lado y luego de varias miradas comenzaron una conversación, como esas que se dan entre grandes amigos que no se ven hace un buen tiempo.

Pero como no todo en la vida es perfecto, un estruendoso movimiento sacudió el andén, el tren de ella había llegado, debía marcharse.

Lentamente se despedió de su acompañante, pensando con tristeza que jamás le volvería a ver.
Caminó hacia el tercer vagón, subió las escalerillas,y se dio vuelta para verlo por última vez, quizo salir corriendo, dejar aquel viaje y tirarse a sus brazos, pero él no hizo ademán de querer hacer lo mismo, solo se quedó ahi espectante, entonces ella decidió no actuar y con paso alicaido siguió hasta su asiento junto a la ventana, se sentó y el tren comenzó la marcha.

Ya no había vuelta atrás. De repente se sobresaltó, se había quedado con la chaqueta de él sin darse cuenta. ¿Pero que más daba? ya no podía devolvérsela, ni tenía la intención, él no sentía nada por ella. Entonces metió las manos a los bolsillos (una manía que siempre tenía) y descubrió que en ellos había una nota. Una nota de él, diciéndole que en la estación la había mirado por horas, quizás segundos, y que le dejaba un número de teléfono para que pudieran contactarse y alguna vez volverse a ver...

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