
Se me vinieron un montón de ideas. Como verborrea crónica comencé a soltar las palabras, cada una pensada en menos de un segundo especialmente para la ocasión y después de ese impulsivo acto que me es imposible reprimir me arrepentí infinitamente y desvié la mirada.
No tenía derecho. Mi arrebato no tenía excusas, crucé la puerta y bajo un cielo gris me encogí de hombros y seguí mi camino.

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