
El hombre se fundía entre las montañas, queriendo ser parte de la tierra y conquistar a la Pacha, no logrando darse cuenta que jamás sería tan imponente como la cordillera, ni podría en su máximo intento fecundar las flores de los campos del sur.
El sol observaba desde lo alto los intentos infructuosos de aquel petulante ser y reía sin reparo alguno. Las montañas veían furiosas la arrogancia de ese hombre, y la Pacha miraba con pena la idea de un hijo suyo, tal petulancia que lo llevaba a convertirse en lo que son los Hombres.

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