
La emoción que me embarga al levantarme y dar mi primer paso no es comparable. Es tanto mi orgullo que quiero dar más pasos, pero mi inexperiencia no me lo permite, y caigo fuerte… y duele.
Pero después de darme cuenta de que la autocompasión de poco o nada sirve, vuelvo a intentarlo y me paro y doy tres pasos y vuelvo a caer, y esta vez vuelve a doler, pero ya no tanto, ellos están ahí. Yo trato por ellos y por mí, porque me cuidan, porque se los debo.
Y me levanto y camino y doy un paso, llevo tres, estoy por el quinto paso y me tropiezo, ya no importa, sé que volveré a intentarlo. Por mi, por ustedes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario