Se me vienen mil letras de canciones a la cabeza, cientos de melodías distintas y una mezcla rara de no se qué en mi mente… escucho los pasos discretos de la noche, la voz del viento me invita a disfrutar de la brisa nocturna y la negación no existe en este momento para mí (ouch! negando la negación, en fin, se entiende).
Salgo a las calles como si fuera la primera vez corriendo, cantando, disfrutando y sintiendo cada segundo como mío, pues es una de esas pocas veces en que en verdad sientes que eres parte misma de la vida y uno a uno con la noche.

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