Pertenecían a un caminante que poco le importaba un destino.
"Caminante..."; le suplicaban los pies -"...sigue un rumbo fijo", pero el caminante solo quería disfrutar su vida y cansado de las quejas se arrancó los pies y los dejó tirados para que se fueran.
El aventurero nunca pudo caminar sin pies y esos pies jamás encontraron camino.
Se hace camino al andar...

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